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Mi Primer Boceto
Ataques de impiracion
El Libro
Este libro esta dedicado a Mateo, la persona que me hizo soñar desde que supe que venia al mundo.
Y gracias también a mi hermana Dora, por leerme sus poemas, por comprarme mi primer libro y haberme tomado de la mano para ayudarme a escribir mi primera palabra.
Primer capitulo: el castigo
Este libro esta dedicado a Mateo, la persona que me hizo soñar desde que supe que venia al mundo.
Y gracias también a mi hermana Dora, por leerme sus poemas, por comprarme mi primer libro y haberme tomado de la mano para ayudarme a escribir mi primera palabra.
-¡por favor, no entres a la terraza, por favor!-suplicaba el niño para sus adentros.
_ ¡Deja de mirarme a si con esa cara de perro viejo y mojado!
Mat cerró sus ojos y frunció sus cejas cruzando los dedos en su espalda.
_ ¡Tendrás que limpiar las escaleras sin luz porque terminaste tus tres velas de la semana, en tan solo 3 días!- lo dijo mostrando cara de “que niño estúpido” y asomando una mueca de “¡ja! quiero ver cuando lo reprendan, ahora tendrás 46 castigos”, una curva burlona apareció en su labio.
Y luego desapareció por la vuelta que formaba la escalera, murmurando y diciendo cosas que Mat se había acostumbrado a no oírlas.
Esa noche, la paso fregando y limpiando los escalones en medio de la oscuridad, en cada tanto se podía oír unos ruidos de trolling, que luchaba por derrumbar la puerta.
Cansado, hambriento, y aun más mugroso de lo que estaba, empezó a caminar torre abajo.
Todo estaba sumido en una oscuridad profunda y tenebrosa, cada paso que daba lo hacia con el máximo cuidado posible, para no tropezar, aunque cada tanto no podía evitarlo. Podía oír su propia respiración, el rose de sus gastadas sandalias en las rocas y el pálpito del corazón, que chocaban en los muros y terminaban con ecos espantosos y escalofriantes.
Eran las cinco de la mañana cuando Mat termino de atravesar el estrecho pasillo que lo llevaba afuera del castillo.
-wow! Si que me dormí unas horas-
El campo estaba verde y blanco, una capa helada y resbaladiza cubría desde la copa de los arboles hasta la fachada del castillo.
Los pequeños copos no se disolvían al llegar al suelo, solo se acumulabanmas y mas envolviendo hasta la mas pequeña piedra del camino.
Mat se detuvo allí, mirando las enormes montañas que se extendían después del horizonte. Le hacia tanto frio que sus delgados brazos se envolvían en el torso de su cuerpo, no paraba de temblar ni un segundo. Pero le gustaba tanto ese paisaje que no se cansaba de observarlo todos los días.
continuara...
El castillo